La magia del agua micelar

Apúntate a la última revolución en limpieza facial. De momento, nada ha sido capaz de desbancarla en su categoría.

Agua micelar
El agua micelar está formulado a base de micelas, unas moléculas capaces de atraer la suciedad y el sebo del rostro, aislando ambos y transportándolos a través del agua para eliminarlos de la piel

Desde algún tiempo ha llegado al botiquín cosmético un nuevo producto del que no vas a poder prescindir. Se trata del agua micelar desmaquillante, un híbrido entre el tónico y el gel o la leche limpiadora. Con textura de agua (siempre purificada), su gran ventaja, para las más prácticas, es que no necesita aclarado. Y te preguntarás, “pero entonces, ¿cómo es capaz de arrastrar la suciedad?”. Muy fácil. El agua micelar está formulado a base de micelas (de ahí su nombre), unas moléculas capaces de atraer la suciedad y el sebo del rostro, aislando ambos y transportándolos a través del agua para eliminarlos de la piel. La particularidad más importante de estas micelas es que tienen estructura bipolar, lo que significa que atraen el agua pero a la vez la repelen, por lo que, por un lado, atraen todas las partículas de grasa y suciedad y, por otro, las aislan y eliminan gracias a su efecto repelente. Para entenderlo mejor, las micelas actúan como imanes con las partículas de suciedad, que solo pueden ser de dos tipos: oleosolubles (solubles en aceite) o hidrosolubles (solubles en agua), por lo que funcionan también con el maquillaje waterproof por potente que este sea, aunque en ese caso quizá sería mejor optar por un agua micelar bifásica. Esta suele añadir una base de aceite desmaquillante que, al agitar y ser mezclado con el agua, se convierte en un producto muy eficaz que deja la piel suave pero no grasa. El origen de este eficaz y práctico cosmético se remonta a 20 años atrás, cuando era el producto preferido para la limpieza de quemaduras en los hospitales franceses.

Sin alcohol ni parabenos

Por esas dos razones, constituye uno de los productos con mayor tolerancia dérmica, y está especialmente indicado para pieles delicadas, reactivas o acnéicas, ya que además de respetar y no agredir la piel, mantiene intacto el pH de la piel, lo que en muchas ocasiones no es posible cuando utilizamos jabones, o leches o geles limpiadores, incluso toallitas. Tampoco contienen siliconas, perfumes ni aceites minerales.

Más que un tónico

Es literal que supone mucho más, porque a la función de recuperar el pH de la piel, el agua micelar añade la de limpiar. En su formulación, además, suelen añadir otros activos que cumplen una función extra como la glicerina o las esencias calmantes.

El verdadero all-in-one

Pero de entre todas las bondades del agua micelar, además de limpiar, hidratar, equilibrar el pH de la piel, matificar, cerrar los poros y aumentar la eficacia del tratamiento posterior, si hay una que la hace especial es su capacidad de ser un producto todoterreno. Porque no necesitas nada más que un pequeño frasco y unos discos de algodón para echarlos en tu neceser de viaje; ni siquiera el aclarado con agua, que en muchos casos no hace sino alcalinizar la piel (provocando las características rojeces tras la higiene facial). ¡Un tesoro para perezosas! Y en ese sentido, es incomparable, de ahí su éxito. Y la razón de que, hoy por hoy, la mayoría de las principales firmas cosméticas incluyan esta referencia en sus catálogos.