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¿Sabes cómo envejeces?

Un día te miras al espejo con detenimiento, y descubres novedades en la textura de la piel. No sabes cómo, pero empiezas a no reconocerte…

Y te preguntas qué ha pasado, en qué momento todo eso le ha ocurrido a tu rostro. ¿Qué ha ocurrido por ahí adentro, en tus tejidos, para que tengan vida propia muy a tu pesar? Aquí, hoy te vamos a contar cómo se produce el proceso de envejecimiento. Y vamos a ir por partes:

  • LA GRASA. De cómo pasamos de los mofletitos de los bebés al rostro de una persona madura tiene la culpa la grasa (tejido adiposo), y la manera en que la vamos perdiendo a medida que pasan los años. Esta se produce, sobre todo, en el tercio medio, es decir, alrededor de los ojos, los pómulos y las mejillas (el hueso maxilar superior se va atrofiando). La grasa va desapareciendo, a lo que se une la fuerza de la gravedad, por lo que el efecto visual es de “perro pachón”. Esta pérdida de grasa no solo se produce al nivel de la piel, sino también en la que acompaña a tejidos más profundos.
  • EL HUESO. Todas hemos oído hablar de la osteoporosis cuando llega la menopausia, y de las densitometrías que las mujeres maduras se han de hacer para conocer la densidad de su masa ósea. La razón es que, a partir de la edad madura, la masa ósea va descendiendo. Y sí, como has adivinado, la de los huesos de tu cara, también. Los pómulos (el sustento de los tejidos del tercio medio) también se retraen, y los de la frente, la barbilla, la nariz…, excepto, precisamente, la mandíbula, que mantiene su anchura, pero pierde su longitud, con lo que los labios también tienden a retraerse. Unos de manera más lenta y otras menos, pero esta retracción se produce en todos los seres humanos.
Nuestras generaciones tenemos suerte porque los avances médico-estéticos nos permiten poner un “stop” a esos procesos
  • LA PIEL. Ella es solo la “cara visible” de todo entramado invisible a nuestros ojos. Por eso, la evolución lenta y silenciosa del envejecimiento se produce a nuestras espaldas. En la piel en concreto, la clave está en los fibroblastos, las células que se ocupan de producir colágeno y elastina (imagínate que producen algo así como un gel que da turgencia y elasticidad a tu piel). Estos fibroblastos dejan de funcionar, o su producción es más lenta, por eso la piel pierde tersura y se muestra como acartonada. Un festival, vaya…
  • EL MÚSCULO y los LIGAMENTOS DE SUSPENSIÓN. Ellos también, y mucho más si no los ejercitas. Se quedan laxos, ya no tienen la tonicidad de la juventud. Además, por las razones anteriores, van perdiendo su lugar de anclaje.

Prevención para aparentar tu edad, o menos…

Así ha sido y es el envejecimiento del ser humano por los siglos de los siglos. Nuestras generaciones tenemos suerte porque los avances médico-estéticos nos permiten poner un “stop” a esos procesos gracias a sustancias como el ácido hialurónico (AH), los inductores de colágeno o los hilos tensores. El AH, por ejemplo, no es solo capaz de hidratar profundamente la piel. El y las demás soluciones ponen a trabajar a los fibroblastos para fabricar más colágeno y elastina, o recolocan las estructuras faciales para sujetar esa piel que tiende a descender, o sustituir el volumen que la grasa ha hecho desaparecer, siempre según la densidad, textura y formato de estos productos, y su abordaje médico.