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Rodillas a tono para el verano

Poco se habla del rollito de grasa y tejido que se instala justo por encima de las rodillas. Te contamos cómo hacerle frente.

Se vienen días de calor, de incluir las medias en el cambio de armario, de relegar de nuevo los pantalones hasta el próximo octubre, de desempolvar las faldas y los shorts y de la primera prueba de bikini. Y entonces nos volvemos a fijar en las rodillas, y cada vez vemos más acentuada su zona superior. ¿De dónde ha salido ese rollito que descansa justo por encima de ellas?

Exacto, eso que nunca creías que te pasaría a ti, está delante de tus narices. Y es que se trata de una de las zonas más conflictivas (e inesperadas) del cuerpo. La mala noticia es que, por mucho que te cuides, incluso con ejercicio, acaba por aparecer. ¿La buena? Que tiene remedio. Aquí van algunas pautas:

  • Controla la grasa localizada que tiende a acumularse ahí. Una de las mejores técnicas para conseguirlo es la criolipólisis. Consiste en congelar el tejido adiposo, o sea, esa grasa localizada, en zonas que habitualmente resultan de difícil eliminación, o sea, las rodillas. Y lo mejor de todo es que evita un tratamiento invasivo como la liposucción. Esta técnica también se emplea para tratar las cartucheras, la cara interna de muslos y brazos, los “flotadorcitos” de la zona dorsal de la espalda, y el típico rollito bajo el ombligo.
  • Ataca la flacidez. Porque es el otro caballo de batalla de esta zona, para lo que sustancias como el ácido poli-L-láctico funcionan a las mil maravillas. ¿La razón? Porque este es uno de los estimuladores del colágeno natural del cuerpo más eficaces que existen, por lo que puede ayudar para corregir la flacidez. Además de las rodillas, se aplica también cara interna de los muslos y glúteos, mejorando muchísimo de manera global las piernas. Para las rodillas en concreto, y con el fin de regenerar la elastina y el colágeno perdidos, el médico estético trabajará el ácido a menor concentración, es decir, más diluido, ya que en esta zona no es necesario aumentar el volumen.
  • Pon freno a la acumulación de líquidos. El sedentarismo a que nos obliga en muchos casos la vida de oficina, así como el hábito de cruzar las piernas, llevar pantalones ajustados o no beber el agua suficiente nos enfrenta a la retención de líquidos, tan infame para piernas y rodillas. Un buen programa de drenaje linfático con una periodicidad de, por ejemplo, cada dos meses, mejorará mucho el contorno de las rodillas y la apariencia de la piel.
  • Hidrata con alegría. Quizá no sabes que la piel de brazos y piernas tiene menos glándulas sudoríparas que otras zonas del cuerpo, además de que estas son más pequeñas. Por eso, te aconsejamos que priorices en ellas fórmulas grasas tipo pomada. Aplicarlas por la noche, en el momento de irte a la cama, es uno de los mejores gestos que puedes hacer por ellas.
Es uno de los estimuladores del colágeno natural del cuerpo más eficaces que existen, por lo que puede ayudar para corregir la flacidez.